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Raúl Zurita reivindica la poesía como defensa

Raúl Zurita, A través de la palabra nos defendemos de la pandemia”, no solo de la del coronavirus “sino de todas las que asolan el mundo como la injusticia, la explotación o la tiranía”, aseguró a Efe el poeta chileno Raúl

Zurita, horas antes de recibir en Madrid el XXIX Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.

Raúl Zurita (Santiago de Chile, 1950) fue galardonado en septiembre con este premio, el más importante reconocimiento de poesía en español y portugués que conceden Patrimonio Nacional y la Universidad de

Salamanca, por su ejemplo poético para “sobreponerse al dolor” y sus versos comprometidos “con la vida, la libertad y con la naturaleza”.

“Las palabras son al mismo tiempo un refugio y un arma de defensa”, explicó este miércoles el poeta, que considera que sus versos son políticos. Aunque sostiene que eso lo tienen que decir los demás: “Una poesía

tiene que ser política, tiene que ser un poema de amor, tiene que ser todo… o es todo o no es”.

Y cree que la poesía se reconoce en la actualidad más que en otras épocas, a pesar de que se lea menos que otros géneros: este mundo “está más cercano al poema que a otras formas literarias porque tiene que ver con la

interioridad, con la intimidad y esta pandemia, desgraciadamente, en su terror, en su omnipresencia, lo hace más plausible”. “La poesía está recogiendo esto, no sé de qué forma, pero es más afín que las grandes

narraciones”.

Raúl Zurita se ha destacado la dignidad de su palabra poética y cree que la dignidad es algo elemental

que hace a una persona “poder mirar a alguien de frente, mirarlo a los ojos”.

Reconocido también por su aportación al patrimonio común iberoamericano, Zurita considera que siempre ha

habido un “lamentable” desconocimiento mutuo entre la literatura española y la del resto de países

latinoamericanos, aunque cada vez sea menor

Pero “todos tenemos un idioma común, la lengua madre, y en ella cada uno va encontrando su forma de guardar sus historias, sus peculiaridades; aunque hay una cosa mucho más general, que es esa lengua, y en

eso estamos todos unidos”, dice.

Por eso, insiste en que “prohibir una lengua es como prohibir el aire, ya sea el castellano, el catalán o el vasco”.

Partidario de un lenguaje inclusivo, pero sin que se lo fuercen, dice que no le gusta “el todes” y prefiere “todas y todos y repetir todas las palabras en masculino y en femenino antes de incluir una e o una x o cosas extrañas”.

 

Sobre su país, Zurita considera que Chile está viviendo una situación de “gran esperanza” después de decidir hace un mes en un plebiscito, en respuesta a las protestas sociales, redactar una nueva Constitución en

sustitución de la actual, heredada de la dictadura de Augusto Pinochet.

“Se abre una gran esperanza, pero para los que somos ya viejos estamos también seguros ante una futura

desilusión, pero de momento estamos expectantes”, señaló el escritor, que cree que el proceso es también una

puerta de esperanza para los pueblos indígenas y sus lenguas. Habría que fomentar todas porque “cada vez que desaparece una lengua, desaparece un mundo”

Las protestas que se viven en Chile se generaron por un encono social por una injusticia “tan profunda y fuerte que uno no es que apruebe, pero entiende incluso su violencia, porque es legítimo pensar que sin esa violencia

no habría pasado nada. Lo terrible es tener que llegar a eso”, recalca el poeta.

Un país en el que “hay más que nostálgicos” de Pinochet: “hay practicantes acérrimos, un 20 por ciento

irreductible”, indica el autor que sostiene que “el fascismo es algo que hay que combatir en todos los frentes,

excepto en el frente físico porque uno no puede hacerle a un fascista lo que un fascista no dudaría en hacerte a ti”.

Zurita tomó parte en las movilizaciones universitarias de finales de los 60 y en una huelga de hambre e ingresó en 1968 en las Juventudes Comunistas. Y el 11 de septiembre de 1973, día del golpe militar chileno, fue

detenido al llegar a la Universidad y torturado.

El premio que recogerá de manos de Doña Sofía es una gran alegría para el poeta, que cita una frase que asegura que “todo el mundo tiene derecho a su minuto de alegría en medio del apocalipsis”. Y recalca que el

optimismo “es una profesión que no hay que abandonar nunca”.

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