Farándula

Javier Bardem: Me gusta creer que la gente es buena

Javier Bardem

Javier Bardem, Hacía mucho tiempo que no hacía reír. Lo secuestraron muchos dramas de espesuras diversas, James Bond y recientemente la ciencia ficción de Dune. Quizás

esperaba el rol perfecto para volver a la comedia, un género que en el pasado había tanteado. Hacer reír es una cosa muy seria, por lo que esperar le ha valido la pena.

El gran papel le llegó con El buen patrón, de Fernando León de Aranoa, estrenada en

el Festival Internacional de Cine de San Sebastián. En esta comedia corrosiva que asemeja

un aparato perfecto de relojería, Bardem se luce como el carismático, manipulador e inescrupuloso Julio Blanco.Javier Bardem

Ese empresario de maneras y estratagemas refinadas se mueve en «el paisaje del empleo tan deteriorado y tan jodido, mezclando las relaciones personales con las laborales», contextualiza León de Aranoa quien decidió dejar fluir la comedia a borbotones en esta

historia, ya que al fin y al cabo «el humor tiene algo catártico y parece que reírse de las cosas es una manera de vencerlas y exorcizarlas», apuntaba el director.

Por mucho que insistieron los periodistas en el encuentro con la prensa, Javier Bardem negó una y otra vez haberse fijado en algún empresario en específico. En España abundan los

julios blancos, algunos más célebres que otros, de estampa impecable y lujosa, triunfadores en los negocios, de doble moral, modus operandi de depredadores, astucia de zorro y olfato de rata. Javier Bardem

«Don Julio Blanco ya existía en la página y era así», trataba de zafarse el célebre actor, «es un regalo cuando la escritura es tan fina, honda y tan bien creada como la que hace

Fernando, había poco que añadir, es ponerle voz y cuerpo a eso, simplemente tener el ojo y

el oído abiertos para reconocer el comportamiento de unos tipos, algunos públicos, otros

privados, otros que no tienen nada que ver con el mundo empresarial, por lo que sí hay algunos referentes pero no es nadie en concreto».

A Bardem se le antojaba jugar y divertirse jugando, aunque deja claro que muchas veces

llegaba al rodaje de El buen patrón con una doble sensación, la incredulidad y la fascinación de que ese hombre fuera capaz de tanto.

«Es divertido interpretar la capacidad de obtener el poder, pero vivirlo debe ser terrible sobre

todo si eres inconsciente de lo que estás ejerciendo sobre los demás», desmenuzaba el

actor que también admite que Blanco era un personaje que me parecía difícil de defender, y a la vez admiraba lo cara dura que podía llegar a ser.

Javier Bardem  se explaya en los recursos de los actores para llevar a buen puerto personajes riesgosos y complicados. Cita las emociones, los recuerdos, el tejer hilos para empatizar con

rol de turno por muy imposible y desagradable que parezca. «Ya sabemos que enjuiciar al

personaje no ayuda a la interpretación», alecciona desde su sabiduría profesional.

Gente que se porta mal Javier Bardem

El Javier Bardem activista ambiental y abanderado de causas sociales, contrasta con el Julio Blanco de El buen patrón, ubicado en el otro extremo y que desde ya figura como uno

de los mejores roles que ha interpretado en el cine español.

«No sé qué se piense de mí, uff», deja la frase en puntos suspensivos mientras se ríe, «pero imagino que también tengo algo de Julio Blanco, igual yo no he matado a nadie  pero

cuando haces el asesino de No es país para viejos (por la que ganó el Oscar en 2008) tienes

que sacar una parte tuya que estaría dispuesta a matar y que la tenemos todos pero que

gracias a la ética y a los valores de cada uno, la puedes frenar».

Entre tanta proliferación de empresarios tipo Julio Blanco, tan ávidos de poder y prestos a

mancillar los derechos y la dignidad de sus empleados, Javier Bardem ve necesario

reconsiderar el significado de la palabra éxito.

«Me imagino que en el éxito profesional hay muchas ocasiones para ejercer el abuso de

poder sea cual sea el trabajo que hagas», analizaba en San Sebastián. «No sé si eso es el

éxito o si es estar bien con uno mismo y ser éticamente sano con el prójimo. Me gusta creer

que la gente es buena y que la mayoría se porta bien, pero claro, hay muchos escándalos de gente que se porta especialmente mal, entonce hay que señalarlos».

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